JX Nippon en Chile: del mineral al microchip y la apuesta por la lixiviación iodada
Akira Uchimura y Yasunari Ishiguro, de JX Nippon Mining & Metals, explican por qué una empresa japonesa con presencia en Chile desde 1968 integra la cadena desde la mina hasta los semiconductores y el reciclaje. También presentan la lixiviación con yodo, una tecnología que busca destrabar sulfuros primarios a baja temperatura.
JX Nippon Mining & Metals, parte del grupo ENEOS, es uno de los actores más influyentes y menos visibles del negocio global de los metales. En este episodio de Minenovate, grabado desde sus oficinas en Santiago, Milo Niemeller y Fred Camus conversan con Akira Uchimura, responsable de desarrollo de negocios para Latinoamérica, y Yasunari Ishiguro, gerente de planificación y miembro del directorio de Los Pelambres.
Dos caminos hacia la minería
Uchimura es hijo de madre chilena y padre diplomático japonés, y creció mudándose por Latinoamérica. De vuelta en Chile en 2012 fundó una empresa de traducción cuyo principal cliente era JX; una de sus primeras tareas fue acompañar a un alto ejecutivo a la mina Caserones, traduciendo a más de 4.000 metros de altura. Luego trabajó cuatro años en Copiapó como gerente de comercialización de cobre y en 2022 se incorporó a JX.
Ishiguro entró a la compañía en 2001, hoy llamada JX Advanced Metals. Comenzó en una mina en Japón que cerró por agotamiento de recursos, pasó por desarrollo tecnológico y por minas en Australia, y suma 25 años ligado a los recursos minerales. Lleva tres años y medio en Chile.
Una relación que empezó con una palabra cumplida
La oficina de JX en Chile abrió en 1968, aunque su marca es poco conocida. Uchimura lo atribuye a una costumbre de las empresas japonesas: entrar en silencio, probar y crecer de a poco.
La empresa nació en 1905 de la mano de un innovador japonés, Kuhara, en Hitachi, hoy un polo de innovación al norte de Tokio. Tras la Segunda Guerra Mundial, geólogos japoneses buscaban minas en el extranjero y conocieron a un joven Andrónico Luksic, que ofreció una mina pequeña por 500 mil pesos. Los japoneses entendieron dólares y, al descubrir la confusión, decidieron cumplir lo acordado. Según Uchimura, Luksic no olvidó ese gesto, y cuando su familia desarrolló Los Pelambres, JX fue de los primeros invitados a invertir. Hoy la compañía también participa en Escondida y mantiene el 30% de Caserones, que desarrolló con el 100%.
Del mineral al microchip
¿Por qué una minera fabrica materiales para semiconductores? Uchimura lo explica por geografía: Japón tiene la mitad de la superficie de Chile, en su mayoría volcánica, y al agotar sus recursos se vio obligado a buscar afuera y agregar valor.
Para subsistir, yo creo que Japón fue como empujado a innovar.
La empresa opera en Sudáfrica, Filipinas, Australia y Estados Unidos, y en Latinoamérica en Chile, Perú y recientemente Brasil, donde extrae tantalio. El corazón del negocio es la fundición de Saganoseki, que además de concentrados procesa residuos electrónicos. La meta es que llegue a fundir mitad material reciclado, en una suerte de minería urbana. Uchimura describe la empresa como un remolino: el cobre entra, se transforma y vuelve a reciclarse, porque metales como el oro pueden reciclarse indefinidamente. En Sudamérica, advierte, el aprovechamiento de residuos electrónicos todavía es muy bajo.
La lixiviación con yodo
La tecnología estrella del episodio tiene raíces en Chile. Hace más de 30 años JX comenzó con Codelco investigaciones de biolixiviación de sulfuros secundarios, de donde surgió una bacteria llamada Wenelen, "pionero" en mapudungún. La bacteria tenía límites, y uno de los científicos de la empresa descubrió que añadir yodo al proceso con hierro férrico extendía la lixiviación y permitía disolver también otros metales, como el oro. La patente es de 2007 y hubo una planta piloto en 2016, cuando todavía había poco interés por los sulfuros primarios.
Ahora, 10 años después, ahora todo el mundo quiere hacerlo.
El proceso busca un menor impacto ambiental y no requiere altas temperaturas: funciona a 20 o 25 grados. Sobre las pilas se aplica un goteo de la solución con yodo, bajo carpas que evitan su evaporación, y en unos 90 días se disuelven cobre, oro y cobalto, según Uchimura. Como el yodo es caro, la solución resultante pasa por columnas que recuperan alrededor del 80% para reutilizarlo. Es un sistema modular cuyo desempeño depende mucho del tipo de mineral.
Hoy JX realiza pruebas con distintas mineras bajo acuerdos de confidencialidad, en un mercado donde compiten varias tecnologías para sulfuros complejos. Uchimura insiste en que no buscan ser la única solución y que combinar tecnologías puede aumentar la recuperación.
Kaizen frente al pivote
JX quiere abrirse a startups latinoamericanas que mejoren su proceso, y Uchimura cuenta que las herramientas de traducción con inteligencia artificial redujeron la barrera del idioma. También señala una diferencia cultural: en Japón la innovación es kaizen, mejora continua sobre la misma idea, mientras que muchas startups locales pivotean con éxito. Para un inversionista japonés, dice, da tranquilidad un equipo que se mantiene en su idea original.
Por qué importa
La conversación muestra una forma de entender los minerales críticos distinta a la de un país productor: para Japón, asegurar el suministro implica integrar la cadena, reciclar y desarrollar tecnología para recursos de menor ley. Ishiguro lo resume en la necesidad de proponer nuevas tecnologías ante el encarecimiento de la inversión en cobre. Para Chile, con yacimientos más profundos y complejos, tecnologías como la lixiviación con yodo podrían convertir material hoy marginal en recurso económico. Y la invitación de JX a colaborar con startups locales abre una vía concreta para que el conocimiento minero de la región se conecte con cadenas de valor globales.
Fuente: Ver episodio en YouTube
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