Andrés Rodríguez y ALZA Mining Tech: cómo escalar startups mineras más allá del piloto
Andrés Rodríguez fundó Mining Tag, la hizo crecer desde el control de acceso hasta el control de flota en minería subterránea y la vendió en 2021. Hoy, desde el fondo ALZA Mining Tech, explica por qué la mayoría de las startups mineras se estanca tras sus primeros clientes y qué busca para invertir en su escalamiento.
Andrés Rodríguez recorrió el camino completo del emprendimiento tecnológico en minería: crear una solución desde cero, sobrevivir al valle de la muerte, escalar, vender la empresa y pasar al lado del capital. En este episodio de Minenovate, conducido por Milo Niemeller, el cofundador de ALZA Group repasa esa historia y explica la tesis con la que hoy invierte en startups mineras.
De la tesis al primer fracaso
Rodríguez creció en Rancagua, hijo de dos ingenieros en minas. Estudió ingeniería civil en Santiago y su tesis consistió en modelar cómo optimizar la construcción de túneles en minería subterránea. Visitando faenas vio lo mismo en todas partes: todo era papel y Excel.
Su primer emprendimiento, junto a Sergio Valenzuela, buscaba explicar mejor los procedimientos a los trabajadores, que muchas veces solo los leían para aprobar una prueba. Duró un año y no prosperó: ese no era el dolor más grande de la industria.
Mining Tag: saber quién está bajo tierra
El problema que sí encontraron fue el control de ingreso a las faenas subterráneas. En muchas minas se hacía con fichas, papel o dando vuelta un carnet. La idea tomó forma hacia 2010, el mismo año del accidente de la mina San José, cuando tomó días saber cuántas personas estaban dentro.
Así nació Mining Tag: tags en los trabajadores, portales en la entrada y en puntos clave como los refugios, y una aplicación simple para ver quién estaba dónde. Rodríguez pensó que la venta sería rápida, pero tardaron más de dos años en lograr ingresos sostenibles, financiados al inicio por un inversionista ángel.
La realidad práctica es que yo creo que cualquier emprendedor necesita un flujo para sobrevivir al menos dos años.
El punto de inflexión llegó en El Teniente. Un piloto pequeño no resultó bien, pero Codelco luego licitó la tecnología y Mining Tag ganó. Pasaron de ventas de cientos de miles de dólares a más de un millón anual.
Del tracking de personas al control de flota
La confianza del cliente abrió la siguiente puerta. En El Teniente les propusieron desarrollar un sistema de despacho para minería subterránea y probarlo primero con un MVP muy simple: contar ciclos y registrar origen y destino de los camiones. Esa visibilidad reveló ineficiencias en los turnos. En 2016 ganaron la licitación de control de flota compitiendo con grandes proveedores globales, luego sumaron un proyecto en Perú y, hacia 2020 y 2021, empezaron a recibir ofertas de compra. La empresa se vendió en 2021.
Un ecosistema que no despega
Tras la venta, Rodríguez se reunió con múltiples emprendedores de Chile, Perú y Brasil. Mining Tag vendía del orden de 8 millones de dólares al momento de la venta; en cambio, según él, la gran mayoría de las startups que revisó vendía un millón y medio o menos. Algo bloqueaba su crecimiento.
Su diagnóstico tiene tres capas. La primera es el financiamiento: en su análisis de 2023, menos del 2% del capital de riesgo invertido en Chile se destinó a tecnología minera, pese al peso de la minería en la economía. La segunda es la supervivencia: sin capital, los fundadores toman decisiones de corto plazo y terminan haciendo micropilotos a pedido, como si fueran el área de TI del cliente, perdiendo foco de producto. La tercera es el costo de adquirir clientes: hay que convencer a gerentes, usuarios y abastecimiento, y cuando el sponsor interno cambia de cargo, el ciclo empieza de nuevo.
Aun así, Rodríguez es optimista. Cree que Chile está bien posicionado, sobre todo en mejoras incrementales: cita un informe de S&P según el cual la industria necesita mejorar del orden de un 10% la utilización de sus activos. También ve un cambio de mentalidad: antes se preguntaba siempre dónde estaba probada una tecnología y se prefería a proveedores extranjeros. Faltan, dice, más emprendedores nativos de la industria y universidades capaces de llevar su ciencia al mercado.
La tesis de ALZA Mining Tech
ALZA no se diseñó como un fondo de venture capital clásico. Inspirado en experiencias australianas, opera con lógica cercana al growth equity: un portafolio concentrado de unas seis empresas, con tickets de un millón de dólares y un posible seguimiento de otro millón. Exige al menos 200 mil dólares en ventas anuales y seis meses de solución probada en una operación, porque invierte en el salto de una minera a cinco, diez o veinte. Su apuesta: si hay ajuste producto-mercado en una compañía, la solución es replicable en otras, y el mercado de adquisiciones de tecnología minera es cada vez más activo.
Nosotros no la ayudamos, no le cerramos los negocios, pero la abrimos puerta.
Su rol: acompañar el crecimiento de cero a cien personas, que ya vivió, y abrir la red de la industria.
Por qué importa
La minería necesita ser más eficiente con lo que ya tiene, y buena parte de esa eficiencia vendrá de tecnologías nicho desarrolladas por proveedores locales. El caso de Mining Tag muestra que un piloto fallido no es el fin y que la confianza de un cliente puede abrir líneas de negocio enteras. El diagnóstico de Rodríguez muestra el otro lado: sin capital paciente y especializado, muchas startups con potencial se quedan atrapadas en sus primeros contratos. Cerrar esa brecha es clave para que la experiencia operacional de la región se convierta en empresas tecnológicas de escala.
Fuente: Ver episodio en YouTube
Sigue explorando
Episodios y artículos con temas relacionados.


