Robotia: inteligencia artificial contra los inchancables en la operación minera
Paulo Páez y Felipe Barahona, cofundadores de Robotia, cuentan cómo una startup chilena llevó la visión artificial a la faena para detectar inchancables, un problema poco visible que detiene el chancado y expone a las personas. La clave, dicen, fue escuchar a la operación y traducir los modelos de IA a toneladas y horas de disponibilidad.
La inteligencia artificial en minería suele presentarse como una promesa general. El episodio 61 de Minenovate la aterriza en un punto concreto del proceso: el chancado primario. Paulo Páez, gerente general, y Felipe Barahona, gerente de operaciones y cofundadores de Robotia, explicaron cómo una startup chilena fundada en 2017 terminó resolviendo un problema que pocos fuera de la faena conocen. En la conversación participaron Milo Niemeller y Francisco Rubina.
Dos ingenieros que no estudiaron minería
Ninguno de los dos se formó como ingeniero de minas. Páez, ingeniero civil mecánico, conoció la gran minería en una práctica profesional y luego diseñando correas, chutes y chancadores. Ahí le surgió una pregunta que no lo dejó: por qué una industria con tantos recursos adoptaba tan poca tecnología y mantenía a personas expuestas al riesgo. Barahona pasó por la ingeniería para minería y por las energías renovables. En 2017, junto a un tercer socio, se reunieron con un interés común en inteligencia artificial y exploraron aplicaciones en agro, salmonicultura y celulosa antes de llegar a la minería a través de contactos de la universidad.
Qué es un inchancable
Un chancador reduce el tamaño del mineral. El problema aparece cuando entran elementos que no puede triturar, principalmente piezas metálicas de la infraestructura o de la construcción de túneles, como una viga. El proceso, que debería ser continuo, se detiene de golpe. Según los fundadores, el evento puede sentirse como un pequeño temblor en la zona, y el equipo queda trabado con una masa de mineral y fierro que almacena mucha energía. Desatascarlo exige que personas trabajen bajo grandes cantidades de material. Es, al mismo tiempo, un problema de continuidad operacional, de costo y de seguridad.
Del WhatsApp al convenio de innovación
La historia de origen es casi un manual de emprendimiento. En lugar de partir de una solución, fueron a preguntar por problemas. Un compañero de universidad que trabajaba en el chancado primario de una operación les mostró a operadores que pasaban el turno mirando pantallas para detectar inchancables. Postularon a un Corfo Semilla, que obtuvieron en diciembre de 2017 por alrededor de 25 millones de pesos, instalaron cámaras simples y procesaron los primeros videos.
Cuando enviaron por WhatsApp un video con las primeras detecciones, el resultado llegó a jefaturas y a la superintendencia de chancado, y en cuatro días los contactaron. La operación puso recursos a disposición y se firmó un convenio de innovación. De cuatro iniciativas exploradas quedaron dos: un proyecto de seguridad y la detección de inchancables en el chancado primario.
No todo funcionó como esperaban. Desarrollaron detección de elementos de protección personal en plena pandemia, un caso que una minera presentó en un congreso en 2022, pero sintieron poca tracción porque el foco de los clientes estaba en la producción.
La adopción es un problema de personas
Los fundadores describen a las mineras con "hambre de tecnología", pero con implementaciones lentas y costosas, a menudo por limitaciones de gestión más que de recursos. En la conversación identificaron dos claves para la adopción. La primera es el diseño de la interfaz: en algunos casos sirve más un correo para corregir conductas y en otros una señal para accionar una parada de emergencia. La segunda es cultural: el personal con experiencia se formó con herramientas determinísticas, como el PLC o el HMI, y ahora enfrenta modelos probabilísticos difíciles de explicar.
Páez contó el aprendizaje comercial. Al principio explicaban métricas como precision o F1 y chocaban con la pregunta obvia del cliente: por qué sigue habiendo inchancables. Aprendieron a hablar de toneladas procesadas y horas de disponibilidad. Y fijaron un criterio de diseño:
Si tu solución significa más gente es porque no es la solución correcta, tiene que ser menos, y no significa reemplazar a la gente, es sacarla del lugar donde está en riesgo.
Escalar desde Chile
A fines de 2022 los contactó Alza Mining Tech, un fondo que estaba en gestación, y en 2024 Robotia fue la primera empresa en la que invirtió. Con esos recursos pudieron profesionalizarse, sumar un área comercial y pasar de 12 a 31 personas. Hoy apuntan a contratos más grandes con pilotos rápidos que permitan al cliente armar su caso de negocio, ya abrieron representación en Perú y exploran México. Los fundadores son enfáticos en que lo que funciona en Chile puede funcionar afuera, porque el país es visto como referente en adopción tecnológica minera.
Por qué importa
El caso de Robotia muestra un patrón que se repite en la innovación minera: los problemas de mayor valor suelen ser poco visibles y se resuelven escuchando a la operación, no ofreciendo tecnología en abstracto. También deja claro que el cuello de botella rara vez es el algoritmo. Lo son la integración en la rutina del operador, la traducción de resultados a indicadores de negocio y el acceso a capital para pasar de piloto a proveedor estratégico. Con la automatización y la IA ganando espacio en las faenas, esa capacidad de traducción puede definir qué tecnologías se quedan y cuáles se pierden en el camino.
Fuente: Ver episodio en YouTube
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